El CHP de Turquía se rompe desde dentro: así ha estallado la mayor crisis interna del principal partido opositor a Erdoğan
- Clara Arias
- 25 may
- 6 min de lectura
La decisión judicial que declaró inválidas las primarias internas del CHP ha desatado una guerra entre la vieja guardia kemalista y el sector renovador, con intervención policial en la sede del partido

El exlíder del CHP y excandidato presidencial, Kemal Kılıçdaroğlu, y el actual líder del CHP, Özgür Özel (Clara Arias)
La imagen era difícil de imaginar incluso para un país acostumbrado a las crisis políticas permanentes: policías entrando en la sede central del CHP en Ankara mientras dirigentes del principal partido de la oposición se acusaban mutuamente de intentar “secuestrar” la formación. A un lado, el entorno de Özgür Özel denunciando una intervención política y judicial contra el partido. Al otro, los aliados de Kemal Kılıçdaroğlu defendiendo que simplemente se estaba restaurando la legalidad interna tras un congreso supuestamente irregular.
En cuestión de horas, el CHP —el partido fundado por Mustafa Kemal Atatürk y principal fuerza opositora en Turquía— pasó de celebrar hace apenas un año su mejor momento político en décadas a quedar atrapado en una guerra interna que amenaza con fracturar por completo a la oposición turca.
La crisis estalló esta semana después de que un tribunal de Ankara anulase el congreso celebrado en noviembre de 2023, el mismo en el que Özgür Özel derrotó a Kılıçdaroğlu y puso fin a trece años de liderazgo del histórico dirigente kemalista. La decisión judicial declaró la “nulidad absoluta” del proceso, conocido en Turquía como mutlak butlan, una fórmula jurídica que implica considerar inválido todo el congreso y, por tanto, el relevo en la dirección del partido.
Lo que sobre el papel parecía una disputa técnica acabó convirtiéndose en un terremoto político. Porque la sentencia no solo cuestiona quién debe dirigir el CHP. También reabre todas las heridas que la oposición turca intentó cerrar después de las presidenciales de 2023: el choque generacional dentro del partido, la rivalidad entre las distintas familias del kemalismo y, sobre todo, el debate sobre qué tipo de oposición necesita Turquía para enfrentarse a Recep Tayyip Erdoğan.
EL RELEVO QUE CAMBIÓ EL CHP
Para entender por qué el conflicto ha terminado explotando de esta manera hay que retroceder a las elecciones presidenciales de mayo de 2023. Durante meses, gran parte de la oposición turca había construido la idea de que Erdoğan era, por primera vez en años, vulnerable electoralmente. La crisis económica, la inflación disparada, la gestión del devastador terremoto de febrero de 2023 y el desgaste acumulado tras más de dos décadas en el poder alimentaban la sensación de que Turquía podía acercarse a un cambio político histórico.
El encargado de liderar ese intento fue Kemal Kılıçdaroğlu. Veterano dirigente del CHP y líder del partido desde 2010, Kılıçdaroğlu llevaba años intentando ampliar la base tradicional del kemalismo para construir una oposición más transversal. Su gran apuesta consistió en reunir bajo una misma alianza a sectores ideológicamente muy distintos: socialdemócratas, nacionalistas, conservadores moderados e incluso antiguos aliados de Erdoğan.
Durante meses, la oposición consiguió proyectar una imagen inédita de unidad. Sin embargo, la estrategia terminó fracasando y Erdoğan volvió a imponerse en las urnas. La derrota dejó una sensación de oportunidad perdida dentro del CHP. Muchos dirigentes comenzaron a cuestionar abiertamente la continuidad de Kılıçdaroğlu y a señalarle como responsable de haber desaprovechado el mejor escenario electoral para derrotar al presidente turco en años.
En ese contexto empezó a consolidarse otra figura dentro de la oposición: Ekrem İmamoğlu. El alcalde de Estambul se había convertido desde 2019 en el político opositor más popular del país tras derrotar al AKP en la ciudad más importante de Turquía. Más joven, más mediático y con un perfil mucho más competitivo electoralmente, İmamoğlu representaba exactamente lo que una parte del CHP creía que necesitaba el partido para abrir una nueva etapa.
Aunque nunca dio el paso para disputar directamente el liderazgo orgánico del CHP, İmamoğlu sí impulsó claramente un relevo interno tras las presidenciales de 2023. El dirigente elegido para encabezar ese cambio fue Özgür Özel, entonces portavoz parlamentario del CHP y figura cercana a su entorno político. Con el tiempo, la alianza entre ambos terminaría consolidándose hasta el punto de que gran parte de la nueva dirección del partido empezó a girar alrededor del eje político formado por Özel e İmamoğlu.
El congreso celebrado en noviembre de 2023 terminó convirtiéndose así en algo más que unas simples primarias internas. Lo que se votaba era, en realidad, el modelo de oposición que debía seguir el CHP tras la derrota frente a Erdoğan.
Por un lado estaba Kılıçdaroğlu, símbolo del aparato tradicional del partido y defensor de una oposición basada en amplias alianzas y un tono moderado. Por otro, Özel representaba la renovación generacional impulsada por İmamoğlu y la idea de construir un CHP más dinámico y agresivo políticamente.
La victoria de Özel supuso un auténtico punto de inflexión. Por primera vez en más de una década, el CHP cambiaba de liderazgo y lo hacía además en medio de una fuerte presión interna para renovar completamente la estrategia del partido. Durante semanas, gran parte de la oposición interpretó aquel relevo como el inicio de una nueva etapa política. Pero la fractura nunca llegó a cerrarse del todo.
LAS ACUSACIONES QUE ACABARON EN LOS TRIBUNALES
Desde prácticamente el mismo momento en que Özel ganó el liderazgo comenzaron a circular acusaciones sobre supuestas irregularidades durante el congreso. Sectores próximos a Kılıçdaroğlu denunciaron presiones sobre delegados, promesas de cargos e incluso compra de apoyos para modificar el resultado de la votación. Durante meses, aquellas acusaciones parecían formar parte únicamente de la guerra interna entre facciones, algo habitual en la política turca. Sin embargo, la situación cambió cuando el caso terminó llegando a los tribunales.
Según el medio turco Halk TV, la Justicia terminó aceptando parcialmente las denuncias y esta semana declaró la “nulidad absoluta” del congreso. La fórmula jurídica utilizada implica considerar inválido todo el proceso que llevó a Özgür Özel a la presidencia del partido. La sentencia abrió inmediatamente una batalla por el control efectivo del CHP.
El entorno de Kılıçdaroğlu interpretó el fallo como una restitución automática de la anterior dirección y comenzó a reclamar el control formal de la organización. Desde el sector de Özel, en cambio, la decisión judicial fue presentada como una intervención política destinada a fracturar a la oposición turca en su momento más fuerte.
La tensión fue escalando rápidamente durante las horas posteriores a la sentencia. Mientras dirigentes próximos a Kılıçdaroğlu defendían la necesidad de ejecutar el fallo judicial, el entorno de Özel comenzó a movilizarse dentro de la sede central del partido en Ankara. Militantes y cargos del CHP permanecieron dentro del edificio mientras crecían los rumores sobre una posible intervención policial. Finalmente, agentes de policía acudieron a la sede del partido, desencadenando escenas de enorme tensión y una oleada de reacciones políticas en Turquía.
Las imágenes tuvieron un enorme impacto simbólico. No solo porque mostraban a la policía entrando en el principal partido opositor del país, sino porque reflejaban hasta qué punto la fractura interna había dejado de ser una disputa ideológica para convertirse en una lucha abierta por el control político y físico de la formación. Según varios medios turcos, los antidisturbios llegaron a utilizar gas lacrimógeno y balas de goma para desalojar a militantes y cargos del CHP que permanecían dentro del edificio.
EL FANTASMA DE İMAMOĞLU
Las declaraciones públicas de los dirigentes terminaron alimentando todavía más la crisis. Özgür Özel rechazó reconocer la legitimidad de la sentencia y acusó a determinados sectores del Estado de intentar rediseñar la oposición turca a través de los tribunales. Sus aliados denunciaron una operación política contra el CHP y llamaron a resistir cualquier intento de intervención sobre el partido.
Kılıçdaroğlu, por su parte, evitó elevar el tono, pero tampoco cuestionó la decisión judicial. Sus mensajes apelando al respeto de la legalidad interna fueron interpretados por muchos dirigentes del actual CHP como una aceptación implícita de su regreso al liderazgo.
Ese matiz terminó convirtiéndose en uno de los elementos más explosivos de toda la crisis. Porque buena parte de la militancia esperaba que el exlíder rechazase volver al frente del partido mediante una decisión judicial y defendiese resolver el conflicto exclusivamente dentro de la organización. Sin embargo, Kılıçdaroğlu mantuvo una posición ambigua que alimentó todavía más las acusaciones cruzadas.
Sobre toda esta batalla planea además la figura de Ekrem İmamoğlu, convertido en los últimos años en el principal símbolo político de la nueva oposición turca. Aunque el alcalde de Estambul no ocupa formalmente ningún cargo en la dirección del CHP, gran parte del ascenso de Özgür Özel estuvo directamente vinculado a su apoyo político. İmamoğlu, considerado desde hace tiempo el rival más fuerte de Erdoğan, se encuentra actualmente en prisión preventiva en el marco de varias investigaciones judiciales que sus aliados consideran políticamente motivadas.
Pese a ello, el CHP celebró el pasado marzo unas primarias simbólicas para elegir a su futuro candidato presidencial y el alcalde arrasó en la votación apenas unos días después de haber sido encarcelado. Aquella consulta, impulsada por la nueva dirección del partido, fue interpretada dentro de la oposición como una demostración de fuerza frente al Gobierno y terminó consolidando todavía más la alianza política entre İmamoğlu y Özel.
La crisis llega además en el peor momento posible para la oposición. Hace apenas un año, el CHP logró una victoria histórica en las elecciones municipales de 2024 y consiguió imponerse al AKP en buena parte de las principales ciudades del país. Aquellos resultados reforzaron la sensación de que la oposición turca podía volver a convertirse en una amenaza electoral real para Erdoğan y consolidaron a İmamoğlu como el dirigente mejor situado para disputar la presidencia en el futuro.
Ahora, sin embargo, el principal partido opositor aparece atrapado en una batalla interna que mezcla rivalidades personales, disputas generacionales, acusaciones de irregularidades y una guerra judicial que amenaza con alterar completamente el equilibrio político dentro de Turquía.



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